La Guerra del Sonido

Desde los tiempos del vinilo, las compañías discográficas han competido por lograr que sus discos suenen más altos que los demás.

Se ha demostrado mediante experimentos que la misma canción, con un ligero aumento de volumen, la percibimos como un mejor sonido, esto es debido a la respuesta en frecuencias de nuestro oído. Y nadie quiere correr el riesgo de que su canción, comparada con otras, suene floja en la radio, o en el iPod.

El problema viene cuando se sacrifica la calidad de sonido en pos del volumen brutal, un fenómeno que lleva plagando la música durante los últimos veinte años, y que acaba con la principal ventaja sonora del CD, el rango dinámico. Es decir, la capacidad para reproducir sonidos extremadamente débiles y extremadamente fuertes, sin problemas de ruido de fondo.

Si a esto le añadimos que el destino más frecuente de una grabación es ser convertida a mp3, entonces ya tenemos un problema grave. La conversión a mp3 elimina el 90% de la información musical de un CD, introduciendo además distorsiones varias. Si encima estamos escuchando a través de unos altavoces de ordenador o de los auriculares blancos del ¡pod, el resultado está cada vez más lejos de lo que escuchaban los músicos en el estudio de grabación.

Si bien en apenas los últimos años se ha tratado de reducir los niveles de presión sonora en las masterizaciones y mezclas de los audios, lamentablemente se siguen utilizando al costo de seguir sacrificando la calidad.

 

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